martes, 22 de noviembre de 2011

1. JUAN JACOBO ROUSSEAU

Características principales del pensamiento educativo de Rousseau

Parece claro que muchas de las actitudes que Rousseau desarrolló tanto frente a la educación como frente a la vida en general se debieron en gran parte a su propia vida insegura y de manera especial a sus primeros intentos fallidos de encontrar una vocación. Parece que siempre sufrió de cierto sentido de frustración y de insatisfacción, y mostró gran antipatía frente a las sociedades en que le tocó vivir. La falta de una vida hogareña sólida y de una educación apropiada, sin duda desempeñaron importante papel en determinar tanto su interés inicial por la educación, como el punto de vista revolucionario que adoptó frente a ésta. Sus opiniones radicales se transparentaron primeramente en el ensayo premiado por la academia de Dijón, obra donde apuntan algunas de las ideas expresadas posteriormente en el Emilio. La opinión de que el hombre es naturalmente bueno y es la sociedad quien lo deprava se desarrolla aún más en el segundo ensayo, el Discurso sobre la desigualdad de los hombres. Las desigualdades que hay entre unos hombres y otros, afirma, no son naturales sino debidas a la situación social.


La siguiente obra importante La nueva Eloísa, expresa en manera nove­lada muchas de las ideas que posteriormente sostendría en el Emilio. Contiene una ilustración de la educación doméstica, donde a los niños se les educa en casa, fuera de las influencias corruptoras de la sociedad, y de esa manera pueden preservar su bondad natural. El Contrato social en un principio fue planeado para que apareciera después del Emilio y formara una secuencia de pensamiento con esta obra, pero debido a un cambio de último momento en la editorial, el Emilio fue postergado y el Contrato social apareció antes. La noción de un contrato social fue expresada primeramente por Thomas Hobbes en On the Citizen (Sobre el ciudadano) y luego por John Locke, particularmente en su Second Treatise on Government (Segundo tratado sobre el gobierno). La obra de Rousseau a este respecto empieza con las frases tan conocidas:

El hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado. Quien se considera amo de los demás, es mayor esclavo que ellos. ¿Cómo se llegó a esta situación? No lo sé. ¿Qué puede legitimarla? Creo que puedo dar respuesta a esta pregunta.

Y la respuesta que da Rousseau es que el gobierno se basa sobre un contrato implícitamente hecho entre los ciudadanos y sus gobernantes, en el entendimiento de que aquellos ceden parte de sus derechos individuales. a cambio de la protección de la autoridad. El gobierno, por tanto, representa la voluntad general de la comunidad y no puede justificar que imponga ley alguna que vaya contra esa voluntad general. El libro tuvo gran influencia en la opinión revolucionaria en Francia, y fue un factor importante en el desarrollo de los acontecimientos que condujeron a la Revolución Francesa, puesto que proporcionaba un modelo de gobierno radicalmente opuesto al de la monarquía absolutista. Estos fueron los desarrollos principales del pensamiento de Rousseau hasta la publicación del Emilio, y está claro que por esa razón había formado la base de una filosofía social y moral en general que se podía aplicar fructuosa­mente a la educación. De esa manera formó una filosofía educativa que constituyó la primera amenaza importante a la filosofía de la educación privada de Platón y Aristóteles, que constituyó la doctrina educativa domi­nante hasta el siglo XVIII.

El cambio revolucionario fomentado por Rousseau es que, en vez de que la educación se centre en lo que se enseña (la materia), se debería centrar en quien es enseñado, o sea, en el niño. La educación, sostenía, debe adaptarse a las necesidades del niño, no según el criterio de las materias que se piensa, debería aprender. Esto, pues, es un cambio radical de énfasis en el proceso educativo, puesto que a la vez que se destrona la asignatura como elemento básico en el proceso educativo, conduce a destronar al maestro como figura de autoridad, cuya función es impartir la materia al alumno. Una consecuencia posterior a colocar al niño en el centro de la educación es que se vuelve necesario considerar sus necesidades e intereses como primor­diales. Esto es un hecho histórico que casi todos los que adoptan un enfoque centrado en el niño combinan con la opinión de que éste. contiene dentro de sí mismo las potencialidades para el desarrollo educativo deseable, y que por tanto, el cometido del maestro es permitir que esas potencialidades se .desarro­llen de acuerdo a sus propias leyes, sin tratar de imponer algún patrón externo. Pero Rousseau fue más allá; sostenía que la naturaleza del niño es intrínsecamente buena y que, contrariamente a la doctrina cristiana del pecado original, no existe ningún mal en el niño recién nacido. Como afirma en las primeras líneas del Emilio:

Todo sale perfecto de manos del autor de la naturaleza; en las del hombre todo degenera. El desarrollo natural, por tanto, es el ideal y se ha de evitar cualquier interferencia. La educación al viejo estilo es deletérea por eso mismo, puesto que trata de convertir al niño en un buen ciudadano; ello significa educar al hombre para los otros, en vez de para sí mismo. Por lo tanto, la educación pública queda desterrada en el Emilio como algo natural, y en su vez debe establecerse la educación individual. Esta protegerá al niño de los efectos dañinos de la sociedad corrupta y permitirá que su bondad innata se desarrolle como debe ser. Una vez logrado esto, no habrá inconveniente en que el niño, incorrupto como estará, entre en sociedad, porque ahora será impermeable a las influencias perjudiciales. ¿Pero cómo hay que proteger al niño ante la sociedad y al mismo tiempo darle la debida educación? El Emilio es el intento de Rousseau por la respuesta a esa pregunta. Una de las principales tareas que Rousseau se impone en esa obra es describir la naturaleza del niño y cómo permitir que se desarrolle de acuerdo con sus propias leyes internas. De esa manera presenta un modelo claro para todos aquellos que siguen a Rousseau y toman el enfoque individualista en la educación. Para presentar sus ideas al lector, Rousseau toma a un pupilo imaginario, un huérfano llamado Emilio, de cuya educación se ha encargado a Rousseau. En su descripción de cómo va a actuar.

Rousseau puede expresar sus ideas fundamentales sobre el nuevo tipo de educación. La expresión de tales ideas por lo general es vigorosa y hace gran uso de la retórica y de la exageración, a veces a expensas de la consistencia lógica. En efecto, es preferible considerar el Emilio como un manifiesto de un nuevo programa educativo revolucionario, más que como un ejercicio intelectual cuidadosamente tramado. Rousseau se dio perfecta cuenta de que éste sería un mejor modo de comunicar sus ideas al público en general. Si, por tanto, leemos el libro teniendo esto presente, sin esperar que sea un programa práctico que se pueda llevar a efecto en todos sus detalles o un conjunto bien trabado y lógico de argumentos filosóficos, obtendremos más beneficio del mismo. Esto no quiere decir que no se deba criticar aquello que es impráctico, inconsistente o descarriado (más adelante mencionaremos algunas de sus fallas principales), pero esas críticas deben compensarse con el valor indudable de que es un planteamiento claro de muchas nuevas ideas educativas valiosas, ideas, que han ejercido influencia inmensa desde entonces. El Emilio está dividido en cinco libros, cada uno de los cuales trata de una etapa distinta del desarrollo del niño. Las características principales de las cuatro primeras etapas y las providencias educativas idóneas en cada caso es lo que se plantea en los extractos siguientes que constituyen la lectura de Rousseau.[1] Algunos de los puntos capitales que el lector debe tomar en cuenta en cada libro son los siguientes.

Libro I: Después de algunas observaciones generales sobre educación de acuerdo con la naturaleza, trata de la primera etapa del desarrollo del niño, es decir de la infancia, que para Rousseau abarca desde el nacimiento hasta la edad de doce años. Subraya la importancia de que el niño sea criado por su propia madre y no entregado a una ama, como era el uso común entre la gente acomodada del siglo XVIII. En esta etapa, el cometido principal del tutor es procurar que las oportunidades del niño de tener todas las experiencias diferentes que pueda no se le restrinjan, a menos que vaya a sufrir algún daño. No hay que permitir que el niño contraiga hábitos, dice Rousseau, puesto que éstos crean nuevas necesidades que no se deben a la naturaleza. (En los tiempos de Rousseau, hábitos, tenían la connotación de algo artificial o anatural. Es de presumir que no se habría opuesto al desarrollo de lo que hoy llamaríamos hábitos “naturales” o “necesarios” en la educación del niño, como los que suponen aprender a caminar o a hablar). El siguiente estadio del desarrollo es la niñez, que de acuerdo con Rousseau dura de los dos a los 12 años. Se trata de ella en el libro n. Aquí introduce el concepto de instrucción negativa, que significa proteger al ni río de influencias malignas, en vez de enseñarle cosas para las que no está preparado. La educación en este escalón, afirma, “consiste no en enseñar la virtud y la verdad, sino en preservar el corazón del vicio y la mente del error”.

Lo que el niño pequeño aprende se basa en la experiencia sensorial y práctica, más que en ideas y razonamientos. Todavía no está listo para actividades puramente mentales, por lo que todo intento de forzarlas será una interferencia en su desarrollo, contraria a la naturaleza. Las experiencias de aprendizaje que son aptas en este momento son el dibujo, la medición, hablar y cantar. Los temas que exigen conocimiento verbal o simbólico, como la geografía, la historia, los idiomas y la literatura, son para el futuro. Ilustra los errores comunes de enseñar asignaturas o geografía a edad demasiado tem­prana, y de modo equivocado, como en el ejemplo del niño que ha aprendido los nombres de diversos lugares del mapa, pero no sabe encontrar el camino de París a Saint Denis. Es este último conocimiento el que debería ir primero. La educación negativa es también el modelo en la esfera de la moralidad. Rousseau recomienda que cuando el niño haga algo mal no se le castigue, sino que por el contrario se le deje a que sufra las consecuencias de su mala conducta, como en el ejemplo del niño que ha roto la ventana de su alcoba. Esta política se conoce como la doctrina de las consecuencias naturales. Sin embargo queda en duda si tal doctrina es un enfoque totalmente adecuado al control del comportamiento del niño pequeño; ¿es cierto, por ejemplo, que los niños siempre sufrirán de un modo u otro como resultado de su mal comportamiento, si no hay ninguna interferencia exterior? Ya aun suponiendo que así sea, ¿será esto bastante siempre para enseñarles la lección apropiada?.

Rousseau, además, sostiene que las ideas del deber y la obediencia son innecesarias y perjudiciales. Una vez más, constituyen limitaciones anaturales al comportamiento. La ley de la necesidad es la única a la que debe estar sometido el niño; en otras palabras, debe depender de las cosas más que de los hombres. En esta etapa, un niño no puede entender las reglas morales y sociales y sería perder el tiempo cualquier esfuerzo por enseñárselas. “La niñez”, dice Rousseau, “tiene maneras peculiares, de ver, de pensar y de sentir y nada puede ser más erróneo que sustituir esas maneras por las nuestras”. Es natural que en esta etapa el motivo dominante en el niño sea el amor propio o las inclinación a sus propios placeres y dolores. No quiere esto decir que sea naturalmente egoísta, en el sentido de que se preocupe de sus propios deseos a expensas de los ajenos; significa más bien que el niño pequeño todavía no) está dispuesto a colocarse en el lugar de los demás y ver las cosas desde el punto de vista de los otros.

Al final de esta etapa de desarrollo, Emilio ha mantenido su bondad natural y su libertad y ya está libre para entrar en la adolescencia sin apuros. Como plantea Rousseau: “Ha adquirido toda la razón posible para su edad y en ello ha sido tan libre y tan feliz como se lo ha permitido su naturaleza”. El siguiente periodo de su vida se trata en el Libro III y abarca los años de 12 a quince, que es la primera adolescencia en el esquema de Rousseau. En esta época la curiosidad innata del niño está mucho más desarrollada y, debido a que su interés natural por el mundo no ha sido amortiguado por intentos prematuros de enseñarle conocimientos verbales y abstractos, tiene la mente abierta y dispuesta para explorar el ambiente en que vive. La técnica didáctica principal que Rousseau invoca es la de resolución de problemas o el método del descubrimiento, por el que el niño encuentra respuestas a las preguntas (que le interesan. Así, todo su aprendizaje debería llegar de sus observaciones y experiencias, no de su tutor o de los libros.

En este periodo, el único libro que debería leer es Robinson Crusoe, y es fácil ver por qué Rousseau lo ha escogido. Es el relato de un hombre que vive en un ambiente del todo natural, no corrompido por la sociedad y que emplea su inteligencia natural y sus capacidades para resolver los problemas prácticos que se le  presentan en la isla. Es el modelo perfecto del tipo de vida que Rousseau considera apropiado en esta etapa. Emilio todavía no está listo para las asignaturas formales de la escuela tradicional, pero puede empezar a aprender alguna ciencia elemental, no de su tutor sino de su propia experiencia en el mundo natural. Puede, asimismo, aprender alguna artesanía como la carpintería, que también le servirá para darle alguna idea de las vocaciones del hombre. (Esto habrá tenido que ser algo radical para los niños de la aristocracia de la Francia dieciochesca). A la edad de quince años, Emilio, dice Rousseau:

...está listo para cesar de ser un niño y entrar en una vida individual. Lo hemos convertido en un ser pensante y eficiente y no nos queda nada por hacer en la producción de un hombre completo, sino convertirlo en un ser afable y sensible, es decir, perfeccionar la razón por el sentimiento.

Este es un momento decisivo en su educación, y es en la cuarta etapa, la de la adolescencia, donde el plan educativo del Emilio sufre marcados cam­bios. Es eH periodo comprendido entre los quince y los veinte años, de que se trata en el Libro IV. Por fin, Emilio está listo para actividades sociales e intelectuales Y el tipo de educación que ahora va a recibir no es muy diferente de la práctica normal en el siglo XVIII. Lo importante para Rousseau es que ha sido pospuesto hasta que el niño ha estado listo y de esa manera llega fresco y lozano, por lo que recaba un beneficio máximo. El plan de estudios contendrá historia, literatura, arte, idiomas, estudios sociales y política. A este respecto, Rousseau tiene algunas observaciones interesantes que hacer acerca de los problemas inherentes al estudio de la historia, y por lo que se refiere a la literatura, prefiere claramente a los clásicos. Para ampliar su educación, Emilio, hará el tradicional “gran viaje” por Europa que solían realizar la mayor parte de los jóvenes aristócratas de aquel tiempo, para. completar su educación. Ahora su entrada en la sociedad es segura, porque está equipado para enfrentarse a sus peligros. Verá el egoísmo y el engaño, común entre los hombres, y aprenderá a evitarlos en sí mismo. El amor de sí se transformará en amor propio, que tiene sus peligros, pero Emilio los resistirá. El buen gusto lo va a adquirir (sobre lo que Rousseau insiste) mediante el estudio de la literatura y el teatro así como tomando parte en la sociedad culta y a través de los viajes. Sorprende más bien que el modelo final de hombre educado que Rou­sseau nos presenta no difiera grandemente del ideal en el siglo XVIII de lo que era un hombre formado liberalmente, cuyas asignaturas habían sido los estu­dios literarios y lingüísticos usuales en el plan tradicional de los studia hunanitatis. Lo nuevo en Rousseau es que ese tipo de educación ha sido pospuesto hasta que el niño ha tenido quince años, y los métodos aplicados para lograrlo se centran en el niño y subrayan la participación activa del mismo en el proceso didáctico.

También es interesante advertir que Rousseau ahora repite a Aristóteles al afirmar que “es haciendo el bien como nos volvemos buenos”. La diferencia estriba en que Aristóteles. empezaría la enseñanza de ese hábito moral a edad mucho más temprana, de aquí que quepa la pregunta de si Rousseau la ha demorado hasta muy tarde. De todas formas, Emilio quedará sujeto a nuevas pasiones que aparecerán en él y al despertar de los impulsos sexuales exigirán una guía cuidadosa por parte del tutor en las esferas de la moralidad y de las emociones. Rousseau asume aquí un enfoque práctico y de sentido común por lo que se refiere a esas cuestiones, y evita los extremos tanto del puritanismo rígido como de un libertinaje sin rienda. También se le da guía religiosa haciendo que escuche el relato del cura saboyano.[2] Lo principal en esto es un llamado a una forma natural y básica de religión, donde lo central es la propia fe interior del individuo, mientras que los rituales y el dogma de la iglesia institucionalizada se consideran periféricos. Es esta sección del libro la que causó a Rousseau tantas dificul­tades con la Iglesia. Hoy es difícil ver por qué produjo tanto alboroto; es una clara indicación de los diferentes climas intelectuales de su tiempo y del nuestro.

El último capítulo del Emilio viene a ser como un anticlímax desde el punto de vista educativo. Trata del matrimonio de Emilio con Sofía, que ha recibido una educación muy diferente de la de él. Más bien dicho, las ideas de Rousseau sobre la educación de las mujeres son claramente reaccionarias y ganarían muy poco apoyo en los movimientos feministas nuestra época. Toda la base de la educación de Sofía, que representa a la mujer ideal, es convertida en una compañera agradable y útil al hombre, sin apartarse del punto de vista dieciochesco convencional sobre la educación de las mu­jeres. Su educación, por tanto, consistirá principalmente en aprender los quehaceres domésticos, adquirir algunas cualidades sociales (como tocar algún instrumento musical) y los métodos de hacerse agradables a los hombres. Además, sólo deberá recibir una forma simple de religión, que aprenderá de su madre.

El libro concluye con su matrimonio seguido del nacimiento de un hijo, al que Emilio se propone educar. Mientras que el recurso del tutor fue un medio útil de Rousseau para presentar sus ideas educativas, en la vida real sostiene que los padres, y en especial el padre, deben encargarse de la educación del hijo. Un extraño no hay que esperar que entregue toda su vida a la educación de un niño, como en el caso del tutor de Emilio. Es más bien irónico señalar a este respecto (si lo que dice Rousseau en sus Confesiones es cierto que tuvo cinco hijos de su ama de llaves Teresa (con la que se casó al cabo, dos años antes de la muerte de Rousseau), y a todos los abandonó, apenas nacidos, en el orfanatorio. Después de Emilio, Rousseau produjo sólo una obra de trascendencia para la educación. Se trata de las Consideraciones sobre el gobierno de Polonia, escrito en 1772 en respuesta a una petición de un noble polaco que le pedía consejo sobre la reforma del gobierno de Polonia. Era un periodo particular­mente difícil de la historia polaca, pues la nación se encontraba amenazada por todas partes por poderosos enemigos y en el mismo año en que Rousseau escribió la obra, la nación sufrió la repartición de su territorio.

Los consejos educativos de Rousseau en las Consideraciones difieren bastante de los que programa en el Emilio, puesto que ahora aboga fuerte­mente por un sistema nacional de educación, afirmando que “son las institu­ciones nacionales las que forman el genio, el carácter, los gustos y la moral de la gente y la hacen distinta de los demás”.[3] La fuerza y la unidad de Polonia sólo se podía lograr en un sistema público de educación controlado por magistrados de alto rango cuya meta fuera producir ciudadanos patriotas y útiles. De inmediato surge a la mente la República de Plafón, y en efecto, aquí Rousseau se acerca mucho a recomendar lo que es básicamente un sistema platónico de educación. Lo mismo que en la República, la educación de los jóvenes polacos debería incluir el conocimiento necesario que los hiciera aptos para los futuros papeles en la sociedad, así como ejercicios gimnásticos y juegos que los alistaran para el espíritu de la cooperación. ¿Cómo conciliar todo esto con las teorías educativas del Emilio? Diríase que representa un cambio de mente en Rousseau, posterior a la redacción del libro, porque sostiene algo semejante en una obra anterior, su artículo para la Enciclopedia, titulado “Economía política”, que fue escrito en 1755, cinco años antes que el Emilio. En dicho ensayo afirma:

No hay que dejar al individuo que sea el juez único respecto de sus deberes. Tanto menos se debe dejar la educación de los niños a la ignorancia y perjuicio de sus padres... La educación pública, regulada por el Estado, bajo magistrados señalados por la autoridad suprema, es condición esencial de un gobierno popular.[4]

La única respuesta posible a esta evidente paradoja en el pensamiento de Rousseau, es que en el Emilio trataba de la educación en el contexto de la Francia dieciochesca (anterior a la Revolución), que para Rousseau era una sociedad claramente corrupta. En sus recomendaciones para el gobierno de Polonia y en el artículo sobre la “Economía política” por otro lado, considera la educación dentro del contexto de la reforma política, y en el tipo de Estado ideal del que está tratando, la educación es parte integrante del sistema político. Esto es, bajo condiciones sociales y políticas ideales, las influencias corruptas de la sociedad quedarán erradicadas y las necesidades e intereses del niño se satisfarán en una forma pública de educación. No obstante, todo el tono de los dos conjuntos de escritos está en contraste marcado y es difícil ver cómo el hincapié que hace. en la guía personal y en las necesidades individuales de un niño en el Emilio podrían quedar satisfechas en un sistema de educación estatal. Independientemente de estas incongruencias indenegables son las ideas del Emilio las que constituyen una innovación significante en Rousseau, y es el enfoque centrado en el niño individual allí representado el que ha tenido tan profunda influencia en todo pensamiento educativo subsiguiente. Para auxiliar al lector a sopesar finalmente otras tendencias de las ideas de Rousseau se plantearán algunas preguntas y problemas que señalan las posibles debilidades del Emilio.

En primer lugar, considérese la gran insistencia de Rousseau en la naturaleza como algo intrínsecamente bueno y guía de todo el desarrollo educativo. ¿Qué significa exactamente la palabra “naturaleza” (la palabra francesa es nature)? Cual G. H. Bantock señala,[5] parece que Rousseau la emplea al menos de tres maneras distintas en el Emilio: como lo opuesto de crianza, o la preparación dada por otros; como lo va de acuerdo con el comportamiento del hombre primitivo, precivilizado y por lo mismo inco­rrupto, y en tercer lugar como el mundo fenoménico distinto del hombre, en particular el mundo de las plantas y de los animales. No nos dice Rousseau cuál de esas aserciones es la principal y la que más importa en educación. Aparte de la confusión de significados que hay aquí, existe también un problema filosófico básico al emplear la naturaleza como modelo para la educación. ¿Por qué hemos de basar la educación en lo que concebimos como lo que es naturaleza? Esto comporta el juicio fundamental de valor sobre que lo natural es lo óptimo y hay que procurado, acerca de lo cual poco trata Rousseau. ¿No hay aspectos en la naturaleza que puedan ser perjudiciales si se procuran? ¿No podría decirse algo del punto de vista opuesto, esto es, de lo que distingue al hombre del resto de la naturaleza, o sea, de su razón, que es un valor supremo? (Recuérdese que ésta la opinión de Platón y de Aristóteles).

En segundo lugar, ¿no se fía demasiado en una rígida concepción de las facultades psicológicas la explicación que da Rousseau del desarrollo y creci­miento del niño: las sensaciones en la infancia, el juicio sensorial en la niñez, el pensamiento práctico en la preadolescencia y por fin el razonamiento abstracto en la adolescencia? En realidad, el desarrollo psicológico de los niños parece mucho más flexible con abundantes traslapes en las diversas etapas y con una capacidad de razonar y de entender las relaciones morales y sociales antes de lo que postula Rouseau. No obstante, cabe añadir en favor de Rousseau que fue un paso en la dirección debida, al menos en tanto que mostró la necesidad de estudiar y entender los hechos del desarrollo del niño y relacionar lo que se enseña con las capacidades reales del alumno. Además, teniendo en mente el limitado conocimiento psicológico de aquella época, su explicación es perspicaz por muchos conceptos.
En tercer lugar, dado su hincapié en el aprendizaje a partir de la experiencia, sin que otros enseñen, ¿no subvalora la necesidad de una preparación cabal en las disciplinas fundamentales del conocimiento? No es probable que los niños adelanten mucho en las ciencias, para. poner un ejemplo, si no se les proporciona una instrucción básica sobre las realidades y métodos de la ciencia. (Esto, es claro, resulta más necesario aún hoy que en el siglo XVIII.) La idea de que el niño ha de explorar el mundo que le rodea y aprender la ciencia sólo por observación de la naturaleza y sus procesos no funciona más allá de un nivel muy simple, a menos que ya sepa lo que debe buscar y sea capaz de elegir entre lo importante y meramente incidental. Si, por ejemplo, fue cierto que Isaac Newton se propuso elaborar la ley de la gravedad porque le cayó una manzana en la cabeza, fue sólo porque tenía los suficientes antecedentes y preparación en ciencia para reconocer ese hecho como un ejemplo de una ley científica general. A grandes rasgos, Rousseau parece sustraer mucho de la importancia de adquirir un fundamento básico en los diversos modos o formas del pensamiento. Incluso si el niño no capta en el momento que le interesa adquirir tal cono cimiento, debe justificarse el maestro que le insista a que aprenda. Contrariamente a lo que asevera Rousseau, no siempre ve claro el niño lo que va en su propio interés y sólo después de que se le ha enseñado determinada materia logra apreciar su valor (sea por sí mismo o porque conduce a algo que valora). En efecto, ésta es una de las principales razones de que haya maestros; si el niño supiera siempre lo que le interesa aprender y cómo, ¿qué necesidad habría de maestros?.

Por fin, podemos plantear la pregunta de que hasta qué punto, en realidad, Emilio va desarrollándose libre y naturalmente, si su tutor está siempre entre bastidores procurando que le ocurran la suerte de experiencias que encajan en un modelo preconcebido de cómo se debe desarrollar. Por ejemplo, ¿es siempre “natural” abstenerse de intervenir cuando el niño se comporta mal? ¿Es “natural” aislar al niño de la sociedad durante un largo periodo de su niñez, y podrá tal niño desarrollar una perspectiva moral apropiada, estando aislado de contactos sociales? ¿Y qué decir si Emilio desea hacer algo a una etapa anterior a la que Rousseau juzga apropiada, como leer un libro distinto del Robinson Crusoe? Prohibir aquí serían tan dañino como introducir el aprendizaje de un libro con demasiada premura. En todos estos casos, Rousseau corre el riesgo de manipular o adoctrinar al niño, con tanta certidumbre como se manipula al alumno en una escuela cualquiera, siendo la única diferencia las metas de cada actuación. Sin embargo, al considerar estas críticas de las ideas de Rousseau, es importante no perder de vista las observaciones que se han hecho antes en este mismo comentario, sobre que hemos de considerar el Emilio más como un conjunto de ideas educativas expresadas en términos de un relato de la educación de un niño por un tutor, que como un tratado filosófico y sistemático sobre educación. Es el manifiesto de un nuevo enfoque revolucio­nario en educación y al igual que en otros tantos intentos de convertir a los demás en un nuevo modo de pensar del todo distinto, el caso se plantea con gran firmeza, lo que a veces conduce en ciertos lugares a reaccionar exagerada­mente contra las prácticas antiguas. Lo importante en el Emilio es su nueva perspectiva radical en cuestiones de educación, y si bien esta expresión de un nuevo punto de vista contiene fallas, muchas de ellas no fueron características necesarias del mismo y pensadores progresistas posteriores como Dewey pudie­ron partir de él y extender la perspectiva inicial que presentara Rousseau. Este, en efecto, ha rendido un servicio permanente al pensamiento educativo con sólo cambiar el énfasis al niño como centro del proceso educativo. Algunas de las tendencias de la teoría educativa (muchas de las cuales han sido aceptadas por los pensadores educativos prácticamente en todas las vertientes de opinión) que fluyen de este cambio de énfasis y claramente realzan la innovación trascendental de Rousseau en el pensamiento educativo, son las siguientes:

  1. apreciar el valor del aprendizaje de descubrimientos y de resolución de problemas como técnicas educativas.
  2. limitar el primer aprendizaje del niño a cosas que están dentro de su propia experiencia y que por lo mismo tienen significado para él;
  3. subrayar los derechos de cada niño a consideración individual, libertad y felicidad;
  4. percatarse de la necesidad de entender la naturaleza del niño y el modo como ésta se va desarrollando desde la niñez a la adolescencia, y aplicar el conocimiento de esto para determinar lo que debe aprender en cada estadio de su desarrollo, y
  5. tratar al niño como un ser con derecho propio, no como una miniatura de adulto, y por lo mismo subrayar el enriquecimiento de su experiencia presente en vez de prepararlo para algún futuro distante.



BIBLIOGRAFIA SELECTA


Todas las obras importantes de Rousseau que tienen relación directa o indirec­ta con su pensamiento educativo se han mencionado arriba. En orden de publicación son:

  • “Discurso sobre las ciencias y las artes”, 1750
  • “Discurso sobre el origen de la desigualdad de los hombres”, 1755
  • El artículo para la Enciclopedia, “Economía política”, 1755
  • Julia o la nueva Eloisa, 1761.
  • El contrato social, 1762
  • Emilio, 1762
  • Consideraciones sobre el gobierno de Polonia, 1763
  • Confesiones, 1771

Las selecciones del Emilio del texto que sigue se han tomado de la traduc­ción de W. Boyd, en su Emile for today, Heinemann, Londres, 1956. Los Minor educational Writings of Jean-Jacques Rousseau, del mismo traductor, editados por Blackie, Londres, 1910 (Reimpresos por Bureau of Publications, Teachers College, Columbia University, New York, 1962) contiene extractos para el artículo de la Enciclopedia de Rousseau, de Julia o la nueva Eloisa de Considera­ciones sobre el gobierno de Polonia, y de las Confesiones. Muchas de las obras de Rousseau han sido editadas por Porrúa, México, de donde se ha tomado el texto español que sigue, de acuerdo al abreviado o salteado en inglés.


[1]      Debido a limitaciones de espacio, no se han incluido los extractos del Libro V, que tratan del periodo posterior a la edad de 20 años y del matrimonio de Emilio.
[2]      Comprende una amplia sección del Libro IV y es demasiado prolija para incluirla en las lecturas de este texto.
[3]      The Minor Educational Writings of Jean-Jacques Rousseau, seleccionados y traducidos por W. Boyd, Blackie, Londres, 1910. Reimpresos por el Bureau Publications, Teachers College, Columbia University, Nueva York, 1962, p. 96.
[4]      Ibíd., p. 41.
[5]      G. H. Bantock, “Emile Reconsidered”, en Education and Values, Faber, Londres, 1965. pp. 67-69.

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